verso

"El mundo no cierra todavía" (Jorge Tamargo)

sábado, 11 de febrero de 2012

Libro sobre la amistad

















Desde que el pasado diciembre inauguré el blog, no había podido regresar a él. Algunos amigos me han sugerido mayor continuidad en este sentido, pero varios acontecimientos (visitas, trabajo, gripe) no me lo permitieron hasta ahora. Hoy salgo al reencuentro de quienes se interesan en la poesía, y lo hago con un tema muy especial: la amistad.

A finales del año pasado terminé un poemario dedicado por completo a este universal. Se trata en realidad de un poemario que vengo (re) escribiendo desde hace más de tres años, y que, sólo de momento, doy por terminado. Aun con las dudas de siempre sobre el resultado “final”, disfruté mucho todo este tiempo especulando sobre un sentimiento tan complejo. Leí ampliamente sobre ello, trabajé amistades muy célebres, pero sobre todo reviví magníficos momentos, que, desde todos los bucles del tiempo, vinieron a recordarme, en nombre de mis amigos, dónde y por qué puedo resultar realmente invulnerable. Mis amigos, que siempre me acompañan, lo han hecho especialmente durante todo el tiempo que estuve trabajando en este libro, por ahora titulado “Un no rompido sueño”. Especialmente para ellos escribo esta pequeña nota, pero la hago extensiva a todos los que crean necesitar un espacio para el culto a una imagen tan especial como la amistad.

De momento no puedo compartir abiertamente en la red el contenido del libro. Las razones son obvias: se trata de material rigurosamente inédito y precariamente cerrado (jamás termino un libro hasta que no lo publico) Pero quiero festejar la ilusión de un final para el libro, y la ayuda que, sin saberlo, me han prestado todos mis amigos para escribirlo, obsequiándoles uno de sus 38 poemas. Aquí les dejo este “Invulnerable talón”. Ojalá les guste. Gracias a todos. 

Invulnerable talón

Al nacer, también a mí
me sumergieron mis padres en un río
suspendido únicamente del talón.
El río, que era un continuo fluir de nociones,
llevaba en sus aguas la gravedad de un Ganges.
Los más ilustres cadáveres, desde Sócrates a Marx,
que formaban fondo y plancton,
en su caudal sermoneaban a la vez que fornicaban
con las ninfas milicianas, engañosas
celadoras de las tablillas, aún albas,
de un anacrónico, periférico y grosero
plagio de Thot.

En los rabiones de aquel habanero río,
ocurrida la bautismal inmersión,
creé costra aristotélica, cartesiana,
marxista ––aunque también orwelliana––
y jansenista y calvinista y jacobina…
Sólo el talón quedó libre del iluminado baño,
sólo el sucio talón se mantuvo
opaco para el amor.

Desde entonces,
la luz que inflama mi costra cae diaria,
meridiana sobre la mente y el cuerpo
con la única excepción de su talón.
En el lúcido jolgorio, mis enzimas y neuronas
se agitan sobreexcitadas en un trance razonable.
Toda mi geografía, con la salvedad indicada,
se va reduciendo a mapa.
Mi ánima fulgurante pretende nombrarlo todo,
especula finamente, pero no puede explicarse
por qué el calcañar negrusco
con aparente gangrena
se mantiene soberano.

En el pardo talón llevo las señales más amables.
––Entre ellas la amistad;
esa variación sabrosa sobre el tema del amor
que como éste se ensancha
y carga sonoridades alejada de lo diáfano––
Ahí, donde parezco más débil,
donde los fotones sobrios reculan desorientados,
donde la imagen cual flecha inocula su veneno
tengo mi mejor escudo.

Soy especialmente débil enfundado en la razón.
Ungido para el equívoco en el primigenio baño,
gracias a la humana sustentación de mis padres
sólo soy invulnerable en el talón.